MADRE ELENA
LA CO-FUNDADORA
PÍA ELENA BRUZZI BONAGUIDI
(Siena, 2 Febrero 1835 – Florencia, 16 Agosto 1913)
El
Padre dominico Pío Alberto Del Corona atraía a su confesionario de San
Marco muchas personas, las que se dejaban plasmar por él llegaban a ser
sus hijos e hijas espirituales. La persona que más correspondió y más
fructificó fue la señora Elena Bruzzi, viuda de Bonaguidi: una mujer de
fuerte temperamento y apta para guiar, un alma elegida por Dios para
cumplir grandes obras. La viuda Bonaguidi estaba en la búsqueda de un
padre espiritual, habiendo escuchado sobre las dotes del joven Padre
dominico, se presentó donde él en 1869; el Padre la aceptó y el 20
agosto del mismo año le escribió la primera carta de dirección
espiritual.
Su
relación está testimoniada por una larga correspondencia, que duró toda
su vida, estas cartas, además de un testimonio histórico, desde el
inicio han constituido un sólido alimento espiritual para la vida de las
Hermanas de la Congregación: de hecho, sea que fueran dirigidas a la
Madre Pía Elena (el nombre que, desde religiosa, asumió la viuda Elena),
sea que fueran dirigidas a una de las hermanas o a todas ellas
colectivamente, las cartas venían leídas delante de toda la Comunidad de
las Hermanas.
En
la ciudad de Prato, sobre la tumba de la
santa
dominica Catalina de Ricci, el Padre Pío Alberto y la Bonaguidi
juraron que habrían fundado el nuevo monasterio a toda costa. Después de
haber obtenido el consentimiento de sus superiores del Convento de San
Marco, el Padre Pío expuso su proyecto al Arzobispo de Florencia Mons.
Lamberti, que aprobó con palabras de alabanzas y quiso bautizar el
monasterio que surgiría con el nombre de “Casa de bendición”. El Padre
Del Corona pidió audiencia también al Papa,
Beato Pío IX, y el 8 de
Mayo del 1872, se presentó con la futura Madre Elena; el Papa respondió:
“Yo no puedo si no aprobar y bendecir con todo el corazón esta bella
empresa”, preguntando a la señora Bonaguidi cuantas hijas serían, ella
replicó: “doce y todas listas”; entonces Pío IX concluyó: “¡Son un
apostolado! ¡Vayan y hagan de apóstoles!”.
La
Madre Elena murió el 16 de Agosto del 1913, exactamente un año y un día
después de Mons. Del Corona
Sus restos, que
reposaban en el cementerio de Fiesole, fueron exhumados en 1991 y
trasladados junto al Fundador, en la cripta del Monasterio.
La lápida puesta en la cripta del
Monasterio, que recuerda la traslación de los restos mortales de la
Madre Elena.
Poco se sabe de ella, inclusive de sus
escritos quedan pocos vestigios, de hecho, a su muerte, fueron casi
todos quemados en obediencia por explicita orden suya.
Si hubiese permanecido un mayor número
de escritos, habríamos tenido la posibilidad de conocer mejor no solo su
alma, sino también haber podido reconstruir la red de conocidos y amigos
cultivada por ella. Y habríamos tenido, probablemente, agradables
sorpresas, como demuestra un documento que llegó a nosotros, una carta
que el Beato Bartolo Longo dirigió a la Madre Elena. Recordamos que el
Beato Longo (1841–1926), terciario dominico, uno de los laicos católicos
italianos más en vista entre el siglo XIX e XX, fue el promotor del
Santuario de la Virgen de Pompeya y de las numerosas obras caritativas
anexas al santuario.
El Beato Bartolo Longo
Y bien, en la carta a la Madre Elena (no
fechada, atribuible al 1884 o fecha sucesiva), el Beato Bartolo nos
revela un intercambio de oraciones entre él (junto a otros devotos de la
Virgen de Pompeya) y la Madre Elena (junto a la entera comunidad de las
hermanas).
Aquí abajo se puede leer un fragmento de la carta:
“Para conforto de estas buenas
hermanas [la comunidad guiada por la Madre Elena] y para que aumente en
sus corazones siempre mayormente la devoción y el amor a María, le
enviaré cada mes mi periódico [El Rosario y la nueva Pompeya] sin buscar
otra cosa que fervorosas preces a Ntra. Sra. de Pompeya […] No tenga
temor: haga y repita la novena, recite cada día el Rosario entero, y
agregue la eficaz práctica de los 15 sábados […] No se desanime si
insistiendo la primera vez no tenga respuesta: insista hasta que una voz
amorosa y santa la haya consolado […] ¡Oh cuanto amorosa es María! Ella
no sabe negar nada. Y no le parezca descaro poner por mediadora a
nuestra querida madre Santa Catalina de Siena”
La carta enviada por el Beato Bartolo
Longo a la Madre Elena
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